Una pregunta

En una tertulia de hace pocos días planteé una pregunta retórica referida a los Presupuestos Generales del Estado en particular y a la política económica en general: Si todos los expertos de prestigio y todas las instituciones económicas coinciden en que la política económica de Rodríguez está equivocada, qué le mueve a seguir adelante.

Creo que la respuesta a esta pregunta es importante en el actual contexto de desempleo, caída del consumo, incremento desorbitado de la deuda pública, crisis en suma. Sabemos, porque ya llevamos un quinquenio de declive general, que Rodríguez no se caracteriza por su humildad. Es un ejemplo acabado de sectario; es decir, persona fanática e intransigente de una idea. El fanatismo no admite matices, es estólido, es incapaz de aceptar el error, esa posibilidad no existe en su estructura mental y Rodríguez une a lo anterior el populismo más primario pero efectivo a la hora de vender una realidad que es un placebo, y funciona de la mano de los domesticados medios fieles y serviles al gobierno.

La política económica del ejecutivo, según el gobernador del Banco de España, nombrado por el gobierno por cierto, gasta más del cincuenta por ciento de lo que ingresa. Esta evidencia tiene un nombre, ruina, estamos instalados en la ruina y Rodríguez convencido de que hace lo mejor. Es muy peligroso tener de presidente del gobierno a un mesiánico de ignorancia oceánica. ¿Todos los expertos están equivocados? No por cierto, pero tampoco hay que pensar que Rodríguez no tenga sus planes.

La palabra social es la clave, el mensaje muy sencillo. Con la derecha cavernícola los pobres serían mucho más pobres, con el PP el paro sería infinito; sin embargo, aquí estamos nosotros se dirá a sí mismo, en la soledad de ese palacio gafado que se llama Moncloa, el nieto de Pablo Iglesias. Todos están equivocados menos yo, el único que sabe lo que le conviene a…, cómo se llama, me lo sé cuando tengo que hablar en público, pero aquí, en privado, en este silencio, no, no me acuerdo, es una palabra que no me sale, es el nombre del país, vade retro, lo de nación.

La palabra social es el principio y el fin, estamos con los pobres, los descamisados, por eso vamos a subir los impuestos. Oiga, que el IVA lo pagamos todos. Imbécil, no me venga con tonterías, no me estropee la foto paternalista de presidente experto en “pobreza controlada”, el IVA y lo que haga falta subo yo, menudo soy. Los pobres, los pobres, esos son mis votantes, esos mis fieles, yo los acaudillo, yo los comando, los dirijo, yo, yo, yo…

Nada de bajar impuestos, nada de plantearse reformas consensuadas del mercado laboral, nada de incentivar el trabajo, el esfuerzo, nada de eso, tranquilidad, serenidad, subvención, papá Estado, papá Rodríguez, que no se puede comer en chiringuito, pues se come en la arena un bocadillo de algo pero sin trabajar, esa es la cultura que impulsa este gobierno y este sistema educativo que, por supuesto, ni es sistema ni es educativo.

Rodríguez piensa que ya tirarán los demás, que ya nos sacarán del pozo esos países tan lejanos a sus planteamientos políticos, que hasta 2012 queda tiempo, eso, tiempo, boqueando fuera del agua resiste con inyecciones de demagogia, aguantar y me recuperaré, esa es la explicación a la pregunta inicial.

Ningún especialista, salvo los de la corte que le rodea y le adula, cree en los presupuestos presentados como motor de una recuperación imaginaria, nadie cree en las medidas de parche presentadas como remedio al paro galopante. Todo se fía al trabajo de los demás, al de los otros países europeos. Creo con toda convicción que hay que remontarse a Fernando VII para encontrar semejante cúmulo de desastres e incapacidad en un (des)gobernante.

Aquí no pasa nada

Se inició el curso político con más de lo mismo, más de miles de tragedias personales, las de los hombres y las mujeres que se incorporan al paro, la de los autónomos que tienen que cerrar sus empresas, tragedias con nombres y apellidos, lo más opuesto a la abstracción. Se inició el curso político con la marcha de algunos que fueron ministros; sobre todo ese señor tan alegre e ingenioso, sí, Solbes, al que le atribuían unas cualidades que yo no he visto por ninguna parte. Un funcionario de manguitos y visera sin capacidad de reacción, con muchas contradicciones, demasiadas.

Se inicia el curso con Rodríguez solo, eso dicen los comentaristas políticos. No creo que, caso de que la esa soledad exista, le importe demasiado. Rodríguez, Atila para los suyos, ha apiolado a históricos y menos históricos. El presidente malhadado no se conmueve, él mira por encima de la prosa diaria, él está tan alto, tan alto..., sus ojos se dirigen a un socialismo de los mil años, el paro y la crisis no son relevantes en un proyecto que pretende ser infinito y que está apoyado en la impecable trayectoria democrática de Chávez y Morales, faros de su política de populismo analfabeto.

El presidente no ve matices, su ejercicio de simplificación de la realidad es extraordinario. Se trata de encontrar una frase para cada caso, una frase sencillita que se expande hasta llegar a una sociedad que, lamentablemente, tiene un nivel educativo en ruinas cutres, que no gloriosas. La frase debe ser, sobre todo, populista; debe ser irracional pero muy emotiva. No le falta talento demagógico ni capacidad para presentarse, en este caso, como una víctima del capitalismo más salvaje.

Rodríguez es muy, muy bueno y estaba dedicado a hacernos muy felices, iba apretando el nudo de la esclavitud con medidas que nada tenían que ver con la realidad, medidas muy progresistas; rodeado de un gabinete de diseño y de inmensa inteligencia intelectual, pactando a cencerros tapados con los extremistas, o con cualquiera que dé los votos suficientes. ¿Ética? ¿Cómo? ¿De qué me habla? Se le cruzó la crisis. Lo primero, negarla; lo segundo, huir, buscar culpables, yo no he sido dijo el niño al lado del jarrón roto, eso es España hoy, un jarrón roto que, además, no se ha pagado; eso sí, refrendos independentistas, todos los que ustedes quieran, y más, hay que distraer, hay que desviar la atención como sea, al precio que sea.

No son los recursos retóricos desconocidos, muy al contrario, son centenarios, se trata de encontrar un chivo expiatorio, ahora le toca a la banca. Rodríguez es el padre de todos los parados, el dispensador de 420 euros y tantas otras cosas; claro está que todo es mentira y que, con diferencia, es el peor gobernante en décadas aunque cada uno tiene lo que se merece y él ha tomado el pulso a extremistas y a millones de españoles. La subida de impuestos no afectará a todos los sufridores de las clases medias y seguiremos peor, situación que favorece los gobiernos personalistas con tendencia al caudillismo aunque se vista con lenguaje democrático.

Mucho trabjo queda por hacer. Hay que sacar del armario la palabra regeneración y aplicarla en todos los órdenes. Cuarenta años, sí cuarenta, desde el Libro Blanco de Villar Palasí, son muchos, y el sistema educativo se ha ido cayendo poco a poco. El PSOE es el gran responsable. En paralelo, la abdicación que han hecho las familias de sus obligaciones, el crecimiento de una sociedad débil que no quiere trabajar; en fin, todo eso que los progres de vía estrecha llaman catastrofismo y que la tozuda realidad muestra y demuestra cada día. La gestión de Rodríguez es nefasta y no es cuestión de lucha de partidos, es incapacidad de la persona que huye de los problemas y se cubre con la capa de la más burda demagogia.

Una vez más, el español agredido

El personaje se acerca al precipicio y al narrador se le ofrecen dos posibilidades; una, que se despeñe y quede hecho un amasijo de vísceras allá en el fondo del abismo; otra, ágil, con movimientos gráciles de los brazos, inicia el vuelo y se demora en hacer giros y vueltas, ochos y tirabuzones. La primera posibilidad es la más verosímil, la más lógica, pero nos encontramos en el terreno de la ficción y podemos hacer lo que nos venga en gana y es más agradable volar que despeñarse. Creo que en esto estaremos casi todos de acuerdo; digo casi porque siempre habrá sádicos que prefieran la sangre y el golpe seco.
Desde hace cinco años vivimos en España una ficción escrita por el presidente del ejecutivo acompañado por una serie de amanuenses que repiten al dictado y multiplican en las radios, en las cadenas de televisión y en los periódicos, de manera directa o, mejor, por medio de voceros, la buena nueva de que España vuela con alas de modernidad incomparable, con impulso único en el mundo, con felicidad permanente. El mensaje es muy agradable y adormecedor. Millones de españoles duermen arrullados por la nana del pensamiento único. La realidad es otra cosa, pero estamos, lo recuerdo, en el mundo de la ficción y el color azul celeste, llamado purísima, lo digo por aquello del vuelo, es mucho mejor que el negro, esa sombra insondable e infinita que encoje el corazón. Hay crisis pero como es universal nos consolamos. El paro se desboca pero como ya lo hemos tenido antes, nos consolamos. España aparece en los últimos lugares en todos los niveles pero qué sabrán los extranjeros de nuestras cosas; así que nos seguimos consolando. Todo aquel que ose alzar la voz es lanzado a las tinieblas exteriores del silencio y del desprestigio.
He escrito algunas reflexiones sobre la realidad española y, de verdad, me hubiera encantado emplear otro tono pero servir a la verdad, con toda la honestidad posible, tiene un precio bastante elevado que hay que aceptar. Mis opiniones son sencillas y, creo, que bastante asumibles por los ciudadanos normales entre los que me incluyo.
La ley más importante de cualquier democracia es la Constitución y se supone que debe ser respetada; de no hacerlo, la democracia pierde calidad hasta quedar en una caricatura y, muy importante, se pierde la certidumbre jurídica base del ordenamiento legal. Según la Constitución el idioma común de España es el español. No hay que ser legislador para llegar a esta conclusión. Se trata lisa y llanamente de poner por escrito lo que es uso e historia. Todos los españoles tienen el deber de aprenderlo y el derecho de usarlo. Hasta aquí nada especial en una nación normal pero España, no lo olvidemos, vuela hacia un horizonte maravilloso donde el presidente del ejecutivo reparte juguetes y caramelos a los niños buenos.
En el País Vasco, en las Baleares, en Galicia, en Cataluña y hasta en Valencia se ha desarrollado una política lingüística en defensa del conocimiento y de la difusión de la otra lengua que se habla en estos territorios. No hay nada que objetar desde un punto de vista científico, incluso sentimental; cosa diferente es desde el punto de vista de la normal evolución del uso, pero no entraré en este terreno. Acepto como filólogo que las lenguas de estas zonas de España se estudien y se difundan y, es más, me encanta que así sea.
Lo lamentable es que la difusión de estas lenguas, normalizadas de manera artificial, se realice, en algunos casos, desde el odio y el desprecio al español al que se ataca porque estas políticas permiten desarrollar conciencias nacionales y, sobre todo, lo importante de verdad, vivir como dioses a los nacionalistas de mente estrecha y bolsillo ancho para recoger dineros sin cuento y privilegios muchos. Empresas editoriales, plazas de profesores, campañas de publicidad, medios de comunicación; son ya demasiados intereses económicos los que exigen seguir en este sendero hacia el horizonte de pequeños países, dominados por una oligarquía que se mira el ombligo , se pasma con el campanario de su aldea y vive a lo grande del resto de los territorios.
El parlamento de Cataluña ha aprobado una ley de educación o, mejor, de adoctrinamiento en la que la Constitución se pisotea y van… El español queda reducido a la mínima expresión en los horarios escolares. Nunca he negado a los nacionalistas su claridad, pese a las tácticas dilatorias que usan según el momento; pero la claridad es meridiana en el texto de la ley, artículos 9, 11 y 16. La única lengua reconocida es el catalán y en ella se educan y educarán, quiéranlo o no, los alumnos de cualquier nivel educativo. La Constitución queda reducida a la nada pero, ¿quién protestará? El ejecutivo desde luego que no y si lo hiciera, sería con la boca pequeña, muy pequeña.
No hay democracia sin respeto a la ley, será otra cosa, un ir tirando, un mirar para otro lado. España, en materia lingüística, es una anomalía, un caso digno de estudio. El gobierno de Montilla usurpa, además, las funciones de control del estado, en lo que se refiere a la igualdad y a los derechos de los ciudadanos; porque, en el fondo y en la forma, de eso se trata, en Cataluña y en los territorios donde estas políticas se apliquen, hay ciudadanos de segunda, a los que se arrebata una parcela muy importante de su libertad, la de elegir la lengua en la que crearán el mundo, cuando, tienen la posibilidad de crearlo en dos idiomas. De nada sirven las sentencias, ellos, a lo suyo, a ir perfeccionado un régimen que guarda la fachada del voto.
La democracia no es sólo votar en fecha prevista, es mucho más, es una manera de ser y de estar. Las lenguas son instrumentos claves para que la cultura democrática sea sana y en España la persecución del español, que hay que llamar a las cosas por su nombre, es una tragedia para los ciudadanos, nunca para el español que goza de una envidiable salud.

La traducción simultánea

Y llegó julio y un manto de aparente relajo dominará la vida cotidiana; muchos inician sus vacaciones y otros se ponen a medio gas, o a cuarto de gas, pero la actualidad nos sigue deparando momentos gloriosos que nos llevan a la risa y también, sin duda, al bochorno.
El maestro Mingote ha renunciado a hacer su colaboración en ABC el día 28, domingo. Se dibuja a sí mismo dando un paseo con las manos en los bolsillos del pantalón y el lápiz enfundado en el de la camisa, huérfano y desamparado, lápiz sin su cotidiana ración de ingenio. El texto lo aclara todo y merece la pena reproducirse: “La imagen de un ministro del gobierno español escuchando a través de auriculares la traducción del discurso de un parlamentario español en el Senado de España es tan ridícula, grotesca, sandia, estrafalaria y estúpida que no hay la menor posibilidad de hacer una caricatura que la supere”. No tiene desperdicio, como siempre.
Son cinco los calificativos que utiliza el artista y se queda corto pero el espacio es el que es. Ya sé que los argumentos de autoridad no están de moda, al contrario, y que como en la novela de Márai, es la hora de los necios y de los que no están preparados para nada, es la hora de la conjura de los incapaces, es la hora de la gran novela de Kennedy Toole pero sin su humor. Es espantoso estar en manos de indigentes intelectuales que están llevando a la nación a la ruina. Nos vamos a enterar el año que viene cuando nos suban los impuestos del IRPF, nos vamos a enterar y mientras, a despilfarrar.
Desde hace años se celebra una sesión en el Senado con luz, taquígrafos y traductores. En principio, si se tratara de reconocer la existencia y vitalidad de las lenguas vasca, gallega, catalana y valenciana, no voy a entrar en la polémica del catalán y del valenciano porque sería muy largo, no estaría mal; si se tratara de ensalzar la riqueza lingüística de España, vale, todo lo que sea dar lustre a las lenguas sea bien recibido, reconociendo, sin dudas ni vacilaciones, que el español es la única lengua común y la que se usa en todo el territorio, mal que les pese a algunos, la que nos une, la que es obligatorio conocer y enseñar sin trabas ni limitaciones en toda España.
Por desgracia esta sesión del Senado en el antiguo edificio, con su magnífica colección de pintura y su soberbia biblioteca, no tiene este sentido; para la mayoría es como una revancha, como un te vas a enterar, aquí estamos en plan de igualdad, beligerantes, dispuestas a acabar con el imperialismo de la lengua de Cervantes. Esta hostilidad es la que hay que reprobar, la que hay que rechazar enérgicamente sin concesiones a posibilismos de situación. En determinadas cuestiones no se puede ni se debe ser débil o, lo que es peor, memo o, lo que es peor, oportunista.
La lengua española, lo he escrito muchas veces y nunca me cansaré de hacerlo, no se impuso, se extendió, y lo hizo de manera natural, con el consenso más alto que se puede tener, el del uso libre de los hablantes que, en muchos casos, eran y son bilingües sin traumas de ninguna especie. Sólo en breves periodos algunos descerebrados se han opuesto al uso de las lenguas particulares de las regiones españolas; insisto en la escasa cantidad de cerebro de quien así piense, escasez sólo superada por los que impiden que se enseñe español en libertad.
El drama ha sido ceder ante la reescritura de la historia de las lenguas dentro de la reescritura general de la historia. Esas regiones sojuzgadas, esclavizadas, sometidas la imperio de los españolistas, pobrecitas mías, empezaron a sacar cabeza del pozo hace bien poco y enfrentándose a los gobiernos que le han puesto todas las trabas habidas y por haber. La sarta de mentiras se ha convertido en doctrina oficial en una España donde se estudia el riachuelo más pequeño de la nacionalidad o comunidad pero no se enseña a todos el río Ebro. El proceso ha sido lento y seguro. El daño está hecho y será muy difícil llevar oxígeno y verdad, sobre todo, verdad, a las nuevas generaciones, felices en su ignorancia. No hay que desesperar, las medidas tomadas en Galicia son esperanzadoras y confío que en el País Vasco se vaya a la normalidad; no lo creo en Cataluña. No hay cosa peor que un acomplejado como responsable del gobierno, complejo doble, de ignorante y de emigrante, resultado, un converso, peligrosísimo, como se comprueba día a día.

Tres perlas: compatriota, presidente-presidenta, acontecimiento histórico planetario

El análisis de los discursos de los políticos y de las declaraciones de tan distinguidos cuanto vilipendiados personajes es una fuente inmensa de gozo para el filólogo, una verdadera copa de málaga extra añejo bebida a sorbos cortos en una buena biblioteca con un libro de Camba entre las manos, pongamos por caso el recientemente publicado Un año en el otro mundo. En toda ocasión el humor es imprescindible y en tiempos de crisis, o ¿eran pequeños reajustes?, mucho más necesaria la risa y hasta la carcajada que ambas desatascan el cerebro de malos humores y lo dejan muy fresquito.
No hace muchas fechas el presidente Rodríguez concedía una entrevista en una televisión y para darle más realidad y un ritmo más ágil se le formulaban preguntas por parte de los ciudadanos. El presidente posee un estilo retórico muy lastrado por su entonación, por el uso de estructuras oracionales muy largas y redundantes y, sobre todo, por la repetición cansina de los escasos contenidos, amén de una atmósfera general de cursilería que impregna su discurso. Cuando el ciudadano le hubo formulado la pregunta, el presidente, sin descomponerse, afirmó que le iba a contestar al compatriota. ¡Dioses del Olimpo, evitad la risa!.
Patria y patriota son palabras estigmatizadas en el léxico de la progresía no ilustrada, compatriota igualmente y, además, es palabra que no se usa apenas en el lenguaje oral. Sin embargo, Rodríguez la dijo, vale, no pasa nada, ¿se imaginan qué hubiera ocurrido si la misma palabra la hubiera puesto en sus labios el líder de la oposición? Seguramente fue un uso inconsciente del término o ganas de demostrar que donde dije digo, digo Diego, y que Rodríguez puede ser todo a la vez y al mismo tiempo; pero, al menos en el uso, ya sabemos que se siente parte de una patria, España. Repase el lector su evolución léxica, que no es otra cosa que su evolución mental, y verá lo que es un penoso ejercicio de travestismo y burda adaptación al medio en cada momento.
El presidente andaluz Griñán les pedía a las asistentes a un mitin o encuentro que también podían llamarlo presidenta. Muchas veces pienso que algunos creen que el ciudadano – uso, insisto siempre, el masculino genérico – es fácilmente impresionable o, lo que es peor y en lenguaje coloquial, al ciudadano se le puede tomar el pelo con una facilidad pasmosa. No me vale que ahora se diga que Griñán lo que quiso decir es que él es presidente de todos los andaluces, hombres y mujeres, peor me lo pones. Lo anterior es una obviedad de tal calibre que no merece dar patadas al idioma para tan poco rédito, ni siquiera en sentido figurado. Griñán presume de culto, es su debilidad o una de sus debilidades, y no está bien que sea tan romo; no es necesario ser tan desaseado con la lengua aunque lo hiciera para conseguir la ovación de un público que está deseando dar ovaciones con rumbo y largueza. Si quería aplausos, con repetir muchas veces que viva su partido ya estaba hecho.
La tercera perla de este collar de dislates engastado en demagogia tiene más sustancia y sonroja a cualquiera persona normal sea de la ideología que fuere. Sabemos porque nos lo han repetido hasta la saciedad que los jóvenes españoles son la generación mejor preparada de nuestra historia. Con esta afirmación se compadece muy mal el hasta ahora irreversible deterioro del nivel cultural y educativo de España; pero es parte del pensamiento único y basta.
Leire Pajín participaba en uno de esos desayunos donde el invitado no desayuna y se lanzó a impartir doctrina; nada especial, lugares comunes como el que la izquierda y la derecha representan dos visiones del mundo y otras vaciedades por el estilo; hasta aquí, todo normal; de pronto, sin avisar, proclamó: Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE (…) una esperanza para muchos seres humanos. Dicho esto sin prorrumpir en sollozos de emoción por la altura metafísica de lo expresado, hizo como el valentón en el soneto cervantino dedicado al Túmulo de Felipe II – perdóneme don Miguel por citarlo en semejante contexto – : Y luego, incontinente / caló el chapeo, requirió la espada / miró al soslayo, fuese y no hubo nada.
El ridículo puede ser superado sin esfuerzo. Veamos la paráfrasis verosímil del texto. En el mundo hay dos seres únicos, privilegiados, elegidos, Obama y Rodríguez, dos líderes de la izquierda buenista, pacifista y todo lo –ista que quiera el lector. En los arcanos siderales los planetas van tomando posiciones hasta que el primero de enero de 2010 se produzca el alineamiento esperando durante milenios. Obama en EEUU y Rodríguez en la UE se abrazarán y empezará una nueva era planetaria llena de felicidad sin cuento. La sibila Pajín ha hablado.
No sé si elegir entre calificar el texto de fantasía, consecuencia de la ignorancia, palabras para engañabobos, peloteo descarado al jefe, ganas de hacer el más espantoso de los ridículos. ¿Se lo creen de verdad? Si es así, hay para preocuparse. O será para consumo interno, esperando con ansia que una foto de Obama y Rodríguez les haga ganar muchos, pero muchos puntos en las encuestas de intención de voto. Seguramente será esto y lo prefiero; me gusta más la imbecilidad manifiesta que la locura. Claro está que es la ciudadanía la que tiene respuesta a este pasarse varios continentes. Ya me he tomado dos málagas, me he carcajeado y sigo leyendo a Camba que es lo importante.

Brotes de impuestos

De las aguas mansas le libre Dios, que de las bravas me libro yo afirma el refrán, y con todas las reservas que se pueden poner a lo que se conoce como sabiduría popular, no es uno de los que más fallan. En efecto, esas personas de apariencia suave, como que van de puntillas y parece que nunca han roto un plato, son las que, en menos de un segundo, te pegan un corte en la yugular que te dejan sangrando como un guarro y con una cara de idiota que, mira que es mala suerte, morir así; para la última hora queda mejor una apariencia de que aquí no pasa absolutamente nada, una cara estoica, vamos, senequista, de escritor de humor inglés.
No me fío, no, de las caritas de pena, prefiero la mirada dura y por derecho, la que sabes que viene con la intención de un miura y, por lo menos, te da tiempo a encomendarte a algún santo de tu devoción. Es el caso de Elena Salgado, una persona de apariencia amable, eso, apariencia. Hay un dato de la vice de la vice que es poco conocido pero que ilustra bastante. Ocupó el cargo de lo que se puede definir como gestora o gerente del Teatro Real cuando estaba en restauración y ganó muy buenos dineros y despilfarró otros tantos. Ganó el PP y se puso a la incondicional disposición de los nuevos gobernantes sin empacho alguno; lo curioso es que el PP no la mantuviera en el puesto, que ya sabemos que el famoso complejo pepero en cultura es para escribir varios volúmenes con algunos apéndices, y es que no se enteran, pero hoy no toca ir por ese sendero.
Nunca me gustó la ministra, una intuición que nada tiene que ver con la política y que puedo aplicar a otras personas que no se mueven en la res publica; al fin y al cabo uno echó los dientes en una institución como la universidad, que ya se sabe la sibilina mala leche que se gasta; allí sí que los odios son eternos y las maniobras para destrozar al enemigo de tercera y hasta de cuarta y quinta intención.
Salgado ya descubrió sus cartas cuando la tomó con el tabaco y el vino. Vaya por delante que no fumo pero me parece cruel esta persecución hipócrita de los que lo hacen. Bien está que no se moleste al prójimo pero que se les trate como la Inquisición hacía los judíos y moriscos es demasiado. Esta señora, de maneras suaves en apariencia, se lanzó a degüello contra el tabaco. Siempre tengo presente que el primer diccionario de la Real Academia, el conocido como de Autoridades, se publicó con un impuesto sobre el tabaco; en consecuencia, algo bueno tiene el humo.
La misma saña puso en hundir la industria del vino y al vino mismo. Es curioso que se critique, y mira que han pasado años, a los puritanos de la Ley Seca, pues aquí tenemos a un ejemplar de esa fauna, le falta el cuello de encaje y los zapatos de tacón bajo, la Biblia en la mano, perdón que es laica, y el salmo en la boca. Miedo me dio.
Una característica de este gobierno y de la vice de la vice es que las palabras verdad y mentira no existen, son meras situaciones, momentos. Hoy toca el Plan E para rebañar unos números a este escalofriante y terrorífico tobogán del paro, en fecha preelectoral, claro está, que si no, ni caso; mañana tocan los brotes verdes, cursilada donde las hayas, aquí se dice hojas verdes o ramas verdes; pero más tarde o más temprano llega la hora de decir lo que el gobiernop sabía y se ha ocultado.
Nada de brotes, la crisis sigue y seguirá y por mucho tiempo, y para castigar a los que no han votado a Rodríguez, ahora, en calentito, te subo los impuestos del tabaco y de la gasolina, y la vice de la vice lo dice con candor de ursulina, con expresión de yo pasaba por aquí y, fíjate, qué cosas, pero que quedamos, que acabo la rueda de prensa y nos vamos de compras, que eso descansa mucho la tensión. No me voy a detener en el tabaco, pero subir la gasolina con la que está cayendo es una salvajada y Salgado, pues eso.

Fragmento apócrifo de Bibiana en el último Consejo de Ministros

Los niños y las niñas han sido malos y malas y los miembros y las miembras del gobierno que gobierna están muy cabreados y cabreadas y hay que ponerles un correctivo, así que se suben los impuestos para que los niños y las niñas vuelvan al buen camino del socialismo protector y jocundo, del socialismo de Rodríguez que está muy enfadado; por eso, nosotros y nosotras le vamos a hacer una fiesta laica muy bonita y va a cantar Sonsoles y le pondremos una piñata y seremos felices…

Las lecturas de unas elecciones

Cuando el rey felón, Alfonso XIII, después de haber apoyado el golpe de estado de Miguel Primo de Rivera, el dictador menos dictador que se pueda imaginar, y de haberlo borboneado según su costumbre, quiso volver a la normalidad constitucional como si no hubiera pasado nada de 1923 a 1930, y convocó unas elecciones municipales, se encontró con la desagradable sorpresa de que los republicanos ganaban en las grandes ciudades y, lo peor, que los monárquicos lo dejaban solo. En esta terrible situación para el monarca la guinda fue que el presidente del consejo, el almirante Aznar, a pregunta de los periodistas, respondió que España se había acostado monárquica y se había levantado republicana. Con amigos como ese no se necesitaban enemigos.

Ya no hay políticos tan torpes, diré en descargo del almirante que no era político en sentido estricto, era un cortesano que hizo lo que el rey le mandó con disciplina militar y no estuvo nada fino en sus declaraciones. Pasada la resaca electoral de las europeas y analizadas las declaraciones de los políticos, observo que todos han ganado y que todo el mundo está contento. Esta tendencia se ha convertido en norma general. Es claro que nadie quiere asumir derrotas y que el lenguaje permite todos los juegos malabares que la habilidad del orador o de su negro imaginen y algunos más.

El PP ha ganado las elecciones europeas, negar esta afirmación es negar la democracia, ni más ni menos. Poner en cuarentena la validez de las urnas es muy peligroso y que el presidente del ¿gobierno? califique los resultados de espejismo muestra que Rodríguez es muy demócrata si gana, si los ciudadanos le dan la espalda, huye mostrando su verdadera naturaleza, se esconde y no es capaz de enfrentarse a la realidad, salvo desde el sarcasmo y la bilis.

Rodríguez es un ejemplo acabado de doctrinario extremista, al estilo hispano, con nula base teórica, ecos de ecos de lo que dicen otros y, eso sí, mucha descompostura, sectarismo y visceralidad. El presidente no asume la realidad cuando le molesta, se cree sus propias mentiras y pretende que todos las crean en un ejercicio permanente de trágala, que nace de ese sectarismo originario que es su único atributo evidente.

No es la ironía su fuerte, no es el humor territorio donde transite con facilidad. Hay que reconocer que es hábil en el trapicheo de pasillos y en la descalificación. No puede admitir que después de haberse implicado en la campaña hasta el tuétano y hasta de haber afirmado la importancia de la cita electoral en clave de política española, ha perdido las elecciones. La consigna es quedarse inmóvil, hacerse el don Tancredo, imitar a Chaves, esconder la cabeza y esperar a que escampe; eso sí, echándole la culpa a cualquiera que le venga bien y negándose a admitir la menor responsabilidad en la tragedia que padecen todos los días los millones de desempleados que ven como su horizonte vital se opaca trágicamente.

Con los matices que se quiera es evidente que la tendencia del socialismo a perder elecciones se va afianzando y estoy seguro que a cencerros tapados esta evolución preocupa y mucho, hasta a la astróloga Pajín que busca en las cartas astrales conjunciones planetarias que iluminen el futuro. Ahora me voy a permitir predecir la táctica de Rodríguez y su ¿gobierno? para el inmediato futuro.

Primero.- La culpa de todo lo malo que ocurra es de la crisis que no han provocado ni han tenido nada que ver en ella.

Segundo.- El PP es responsable de la crisis porque son unos liberales insolidarios y neocapitalistas de chistera.

Tercero.- Van a seguir radicalizando los mensajes de que la oposición no mete el hombro.

Cuarto.- Seguirán distrayendo a la opinión pública con temas polémicos y que no tienen ninguna demanda social pero provocan encendidas polémicas que llenan páginas y, con ello, se gana tiempo.

Quinto.- Seguirán aumentando el déficit y la deuda con medidas populistas y nunca estructurales porque podrían ser impopulares.

Sexto.- Mientras, una vez que la crisis toque fondo, sólo podrá iniciarse la recuperación de la que nos sacarán los otros europeos, los que serán locomotora de la economía. Una vez que aparezcan síntomas leves de mejora desarrollarán una campaña brutal de propaganda.

Séptimo.- Explotar los seis meses de la presidencia española de la UE como otra gigantesca campaña de publicidad para mostrar lo importante que es Rodríguez. De la foto con Obama se harán cincuenta millones de copias que a modo de escapulario se regalarán a todos los ciudadanos, los tres millones sobrantes se guardarán como reserva por pérdida o deterioro.

Estos principios se resumen en uno: aguantar, aguantar y aguantar.